Just a minute. El (difícil) arte de escribir corto.

Llego del festejo de los 50 años de un querido Estudio de abogados (ZBV) con el que colaboro desde hace muchos años. Una agradabilísima reunión para agasajar, fundamentalmente, a abogados amigos. Y, para mi sorpresa, varios distinguidos colegas reclamaron mis discretas columnas que, desde hace tiempo, tengo algo descuidadas. Es que creía que a nadie interesaban.

A ellos entonces.

La verdad es que hay mucho para decir, de lo de aquí y también de lo de afuera. Pero me gustaría volver sobre un tema que me tiene bastante (pre)ocupado desde hace tiempo. Se trata del largo (del volumen), de las sentencias.

Me refiero a las criminales, que es lo que hago. Pero creo que el reclamo aplica a las demás. Me topo, casi todos los días, con sentencias de jueces de grado de 200 o de 300 fojas. Y de Tribunales Orales de 600 o de 1000. Es una barbaridad. Hace tiempo recurrí en casación una que casi llegaba a las 2000. Y me fui con las obras completas de Shakespeare, en inglés, bajo el brazo. Un solo tomo; hojas de biblia. Mi primer argumento fue que la obra entera de uno de los escritores más prolíficos que la humanidad conoció estaba contenida en ese libro de 1972 páginas. Historia de dramas espantosos, amores infinitos, reyes y reinos de los buenos y de los malos, poemas, sonetos. Y de este lado, este episodio, de minutos, en unas apartadas vías de tren, había merecido todavía algo más de tinta (que no de esfuerzo). La argumentación, las razones que fundamentaban el fallo, eran más bien escasas. Digamos unas 100 páginas del mamotreto. Lo demás, pura transcripción inútil, absurda, de lo que habíamos visto y escuchado en el debate de más de un año (eso si va en algún lado, es en actas ¡hombre!).

Resulta imposible leérselo. Mucho menos pensárselo, y menos aún, elaborar un discurso coherente y convincente a partir de ese bodrio espantoso. Y todavía menos, en los días que a uno le dan para hacérselo que, para ese recurso, son 10.

Creo que hay que ir a la reducción que la Corte en su día nos impuso a los abogados para los REX con sus 40 páginas. Es que si no puedes decir algo sensato, coherente y convincente en 40 páginas, pues no tienes razón ni tienes un caso. Lo mismo en una sentencia. 

El Fiscal ha acusado a Juan. El hecho que le imputa es... y lo califica como... La defensa ha contestado con la siguiente argumentación. La prueba producida en el debate da razón a … Ello así porque ... Por tanto, condeno a Juan a la pena de … que fundamento así (o lo absuelvo del delito que se le imputa por las siguientes razones que fundamento en esta prueba…). Costas y a firmar.

Puede que haya alguna excepción. Y acaso pueda y deba preverse. Como excepción.

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